La teoría y práctica de la guerra justa en el Islam

El Islam, como hemos explicado anteriormente, es una religión Divina de sumisión a Dios y a Su guía revelada para el hombre, que busca la paz y enseña la misericordia. A pesar de que el Islam llama a relacionarse con la gente de otros países pacíficamente, entrar en guerra puede llegar a ser inevitable y se considera como último recurso. Dios ha limitado a cinco los casos en los que se puede ir a una guerra. De acuerdo con la terminología islámica, no se trata de una guerra sino de la “Jihad”, que en árabe significa luchar por alcanzar algo y hacer un gran esfuerzo por la causa de Dios. La diferencia esencial entre la guerra y la Jihad es que el objetivo de la Jihad es defender a los musulmanes, permitirles ejercer su derecho de invitar a otros al Islam y difundir el mensaje universal de la Palabra Divina de Dios, Enaltecido y Todopoderoso. En cuanto a la guerra, puede ser para defenderse de una agresión, lo cual sería una razón legítima dentro de ciertas condiciones, pero en general la historia ha demostrado que las guerras se han librado normalmente como represalia de alguna vendetta, para lograr la expansión imperial, colonial y corporativa o para controlar, explotar, saquear y robar los recursos de un lugar o simplemente para obtener fama y gloria. El Islam no permite cualquier razón para ir a la guerra y la mayoría de los objetivos recién mencionados hacen que una guerra sea ilegítima y quienes la comienzan merecerían recibir una retribución justa. Existen sólo cinco razones legítimas para declarar la Jihad:

  • Para defenderse de un ataque contra la vida, las propiedades, los bienes y el honor de la Nación musulmana y sus límites geográficos. Esto se basa sobre la aleya del Sagrado Corán que dice: “Y combatid por la causa de Dios a quienes os combatan, pero no seáis agresores; porque ciertamente Dios no ama a los agresores”.
    (2: 190)

    También está expresado en el siguiente dicho del Mensajero de Dios ( s): “Quien muera por proteger sus pertenencias es un mártir; quien muera por protegerse a sí mismo es un mártir; quien muera por proteger su religión es un mártir; quien muera por proteger a su familia es un mártir”.
    (Transmitido por Tirmidi, Abu Daud, Nisaai e Ibn Majah)

  • Para defenderse de la opresión o para proteger a los más débiles e indefensos. La Jihad de este tipo tiene un objetivo claramente humanitario y obligatorio. Dios, el Majestuoso, dice en el Sagrado Corán: “¿Por qué no combatís por la causa de Dios, cuando hay hombres, mujeres y niños oprimidos que dicen: ¡Señor nuestro! Sálvanos de los habitantes opresores que hay en esta ciudad. Envíanos quien nos proteja y socorra?”.
    (4:75)

    Esta orden de resistir la agresión y la persecución está expresada también en otra aleya del Corán que dice: “Por cierto que los creyentes que emigraron, contribuyeron con sus bienes y combatieron por la causa de Dios son los aliados de aquellos que les refugiaron y les socorrieron (en Medina). En cambio, a quienes no emigraron no tenéis la obligación de socorrerlos hasta que emigren. Pero si os piden que les auxiliéis para preservar su religión debéis hacerlo, salvo que se encuentren con quienes celebrasteis un pacto (de no agresión); y sabed que Dios bien ve lo que hacéis”.
    (8:72)

  • Como represalia por incumplimiento o violación de un pacto o trato celebrado solemnemente. Esto está expresado en el Sagrado Corán, cuando Dios dice: “Y si quebrantan sus juramentos después de haber celebrado un pacto e insultan (y combaten) vuestra religión, combatid entonces a los líderes de la incredulidad para que dejen de agrediros, pues para ellos no existen los pactos. ¿Acaso no combatiríais a quienes faltan a sus juramentos y planean la expulsión del Mensajero, y ellos son lo que comenzaron primero (a combatiros)? ¿Acaso les teméis? Sabed que Dios es más digno de que Le temáis, si es que sois creyentes”.
    (9:12-13)

  • Como acciones disciplinarias contra los musulmanes que atacan o comienzan hostilidades sin una causa justa y continúan obstinadamente la vía de la agresión, como dice Dios en el Sagrado Corán: “Y si dos grupos de creyentes combaten entre sí, procurad reconciliarles. Si uno de los dos actúa abusivamente contra el otro, combatid al grupo opresor hasta que respete las leyes que Dios ha establecido; y si lo hace, entonces conciliad ambos grupos con equidad. Sed justos, pues Dios ama a quienes establecen la justicia”.
    (49:9)


    Este tipo de Jihad prueba que el propósito de la misma es siempre para establecer la ley y la justicia aún contra algunos musulmanes desobedientes que hayan cometido crímenes.

  • Para difundir la religión del Islam cuando hacerlo en forma pacífica resulta imposible. Este tipo de Jihad se realiza como último recurso luego de haberlo intentado en vano. El primer paso es invitar al Islam predicando pacíficamente como lo hizo el Profeta de Dios( s) cuando enviaba cartas a los gobernantes de otras regiones invitándolos al Islam. Si el gobernante se rehusaba, se les ofrecía la opción de convertirse en dimmis, es decir, gente no musulmana gobernada por sus propias leyes y respetando su religión bajo la protección del Estado islámico para mantener el orden y la seguridad pagando un impuesto en lugar de hacer el servicio militar. Sólo cuando los no musulmanes hayan rehusado estas condiciones, puede comenzar una lucha armada por oponerse a la propagación pacífica del Islam. Los musulmanes tienen obligación de declarar la Jihad contra aquellos que no sólo rechazan el mensaje universal del Islam que sólo Dios es digno de ser adorado y que el Profeta Muhammad( s)es Su Mensajero, sino que además detienen y restringen la propagación de que este mensaje se haga de forma pacíficamente. El Islam es la fe y la religión universal de Dios, Nuestro Señor y Creador, y es Él quien sustenta a la toda la humanidad, es decir que no es para un pueblo en particular sino que es para todas las personas que quieran aprender el Islam y tener la chance de someterse a Dios por propia voluntad. Que la gente acepte y se convierta al Islam no es la misión ni el objetivo de los musulmanes porque la guía está sólo en las manos de Dios, el Más Sabio, el Sublime. Todos deben tener la oportunidad de escuchar sobre las bondades, la justicia, la hermandad, el amor, la igualdad y la paz que enseña el Islam. Dios, Todopoderoso, dice en el Sagrado Corán: “Y combatidlos hasta que cese la sedición (de la idolatría) y sea la religión de Dios la que prevalezca y si desisten (de la incredulidad o aceptan pagar un impuesto para vivir bajo la protección del estado islámico conservando su religión), pues Dios bien ve lo que hacen (y les juzgará acorde a ello)”. (8:39)

    Si en algún momento, los enemigos del Islam y de los musulmanes cesan las hostilidades y las agresiones, y demandan o aceptan los términos para alcanzar la paz, entonces los musulmanes están obligados a cesar el fuego y comenzar con las negociaciones porque seguir en guerra sería ilegal para ellos. Dios, el Más Sabio y Omnisciente, dice: “Salvo quienes pertenezcan a una tribu con la que hayáis realizado algún pacto, o se presenten ante vosotros acongojados por tener que combatiros como si tuvieran que combatir contra su propia gente. Si Dios hubiera querido, les habría otorgado poder sobre vosotros y os habrían combatido. Y si se retiran y no os combaten y os proponen la paz, entonces Dios no os concede autoridad para agredirlos”.
    (4:90)

Las causas para comenzar una guerra justa son las que arriba hemos enumerado. Existen otras aleyas del Corán que respaldan estos conceptos. Por ejemplo, Dios dice: “Te preguntan si es lícito combatir en los meses sagrados (Muharraq, Rayab, Dul Qada y Dul Hiyya). Diles: combatir en los meses sagrados es un gran pecado, pero apartar a los hombres del sendero de Dios, la incredulidad y expulsar a la gente de la Mezquita Sagrada es aún más grave para Dios. Y (sabed) que la sedición es peor que matar (en un mes sagrado). No dejarán de combatiros, si pueden, hasta apartaros de vuestra religión. Y quien reniegue de su religión y muera en la incredulidad, sus obras habrán sido en vano, en esta vida y en la otra. Ellos son los moradores del Fuego, donde estarán eternamente”.
(2:217)

Y también dice: “Combatidlos hasta que cese la sedición y triunfe la religión de Dios, pero si dejan de combatiros que no haya más enemistad, excepto con los agresores”.
(2:193)

Y dice: “Los creyentes combaten por la causa de Dios. Los incrédulos en cambio, combaten por la del Seductor. Combatid contra los secuaces de Satanás, y (sabed que) las artimañas de Satanás son débiles”.
(4:76)

Todos los otros tipos de guerras que resulten en destrucción y en una gran pérdida de vidas y propiedades están prohibidas en el Islam. Una guerra librada para demostrar fuerza y supuesta superioridad, como las infundadas guerras preventivas, también están prohibidas en el Islam. Dios dice en el Sagrado Corán: “Y no seáis como aquellos (incrédulos de La Meca) que salieron de sus hogares con arrogancia y ostentación ante su gente, para (defender la caravana y) apartar a los hombres del sendero de Dios; pero Dios está bien enterado de lo que hacen”.
(8:47)

A pesar de que el Islam permite pelear por las razones de fuerza mayor que hemos detallado, impone reglas estrictas sobre la conducta de los líderes y soldados durante la guerra y obliga a todos a conservar los modales islámicos y la ética incluso en los momentos más difíciles. Los combatientes musulmanes tienen permitido atacar y matar sólo a quienes pelean contra ellos en el campo de batalla. Tienen prohibido atacar, matar o incluso molestar a los ancianos, niños, mujeres, enfermos, heridos o quienes se recluyan en oración porque no son partidarios de la violencia. Tampoco pueden matar a un soldado enemigo que esté peleando contra ellos y caiga herido en el campo de batalla. El Islam prohíbe la mutilación de los cadáveres de cualquier enemigo. Es más, el Islam prohíbe incluso que se maten los animales del enemigo y que se destruyan sus campos, casas e infraestructura, salvo que sea estrictamente necesario. Además, prohíbe que se contamine el agua de los enemigos. El Islam considera que todos estos actos son un trastorno para la sociedad y causan penurias innecesarias para la gente común.

La Jihad en el Islam es un medio para permitir que la Palabra de Dios y el mensaje del Islam sean propagados libremente. Como Dios dice en el Sagrado Corán, la intención de esta vida para un musulmán, es anhelar la Vida Eterna realizando buenas obras: “Y trata de ganarte el Paraíso con lo que Dios te ha concedido, y no te olvides que también puedes disfrutar de lo que Dios ha hecho lícito en esta vida. Sé generoso como Dios lo es contigo, y no corrompas la Tierra; ciertamente Dios no ama a los corruptos”.
(28:77)

Entre las enseñanzas y la guía del Mensajero de Dios( s) para los muyahidines encontramos las siguientes:

“Quien lucha y se esfuerza para hacer el Mundo de Dios el Más Supremo, es quien lucha y se esfuerza por la causa de Dios”.
(Bukhari & Muslim)

En una ocasión, encontraron el cuerpo de una mujer muerta en una batalla, el Mensajero de Dios( s)dijo que ella no estaba peleando y prohibió que mataran mujeres y niños.
(Transmitido por Muslim)

También dio las siguientes instrucciones: “Comenzad vuestra lucha en el Nombre de Dios contra quienes declaren no creer en Dios. Combatidlos, pero no violéis vuestros acuerdos y contratos. No mutiléis los cuerpos de los caídos en combate. No matéis a un bebé recién nacido”.
(Transmitido por Muslim)

Y dijo:“Avanzad en el Nombre de Dios. No matéis a un anciano, ni a un niño, ni a una mujer, y no excedáis los límites”.
(Transmitido por Malik y Abu Dawud)

El compañero Abu Bakr as-Sidiq, el primer Califa musulmán del Estado Islámico, aconsejó al ejército musulmán encomendándoles lo siguiente: “Esperad antes de iros. Me gustaría daros los siguientes consejos: No traicionéis ni actuéis traicioneramente. No robéis de los botines de guerra hasta que se distribuyan legalmente como es debido. No violéis los pactos y acuerdos con el enemigo. No mutiléis los cuerpos de los enemigos que mueran en la batalla. No matéis a un niño, ni a una mujer, ni a un anciano. No cortéis ni queméis una palmera ni cualquier otro árbol. No cortéis un árbol frutal. No matéis un cordero, una vaca ni un camello si no lo vais a comerlos. Tal vez os crucéis con gente que se recluye para adorar a Dios, dejadlos en paz. No los molestéis ni les causéis ningún daño”.
[(Transmitido por at-Tabari, vol. 3, pág. 226, y otros)]

Los musulmanes deben declarar la guerra antes de comenzar a pelear porque no son traicioneros ni deshonestos. El Islam impone sobre los combatientes la mejor ética y moral, adhiriendo a la justicia y a la no opresión cuando se ataca al enemigo.

Omar bin Abdul-Aziz, uno de los primeros Califas musulmanes de los Omeyas, fue enfrentado por una delegación de soldados de la ciudad de Samarqand que se quejaban del líder musulmán Qutaibah porque habían sido atacados por sorpresa. El Califa le envió una carta al juez para que investigara el asunto y, si el juez dictaminaba que los musulmanes debían abandonar la ciudad por hacer abuso de confianza y cumplir el dictamen. El gobernador de Samarqand asignó a un juez llamado Jomai bin Hader al-Baji quien dictaminó que los musulmanes debían dejar la ciudad que habían conquistado porque el comandante del ejército musulmán debía haber declarado la guerra abiertamente antes de invadir el territorio y de atacar a la gente de Samarqand para darles la oportunidad de prepararse y saber los motivos del ataque. Al ver cómo los musulmanes resolvieron el conflicto con justicia, la gente de Samarqand decidió cesar las hostilidades y aceptaron los términos de las leyes islámicas
[Balathuri, Futuh-al- Buldan (Países de las conquistas) Conquests, pág. 428.]

En cuanto a los cautivos y prisioneros, un tema siempre sensible y divisorio entre las partes en guerra, el Islam prohíbe estrictamente la intimidación, tortura, mutilación o matarlos de hambre. Ciertamente alimentarlos es una virtud que es recompensada por Dios: “Y, a pesar del amor que tenían por los bienes, alimentaron al pobre, al huérfano y al cautivo. Y dijeron: Os damos de comer sólo porque anhelamos el rostro de Dios (y Su complacencia). No queremos de vosotros retribución alguna ni agradecimientos”.
(76:8-9)

El líder islámico se reserva el derecho de liberar a los prisioneros de guerra sin pedir rescate alguno, establecer los términos de un rescate o puede liberarlos como un intercambio pidiendo por los prisioneros musulmanes que hayan sido capturados por el enemigo. Al respecto, el Sagrado Corán dice: “Cuando os enfrentéis a los incrédulos, matadles hasta que les sometáis, y entonces apresadles. Luego, si queréis, liberadles o pedid su rescate. (Sabed que) Esto es para que cese la guerra, y que si Dios hubiese querido, os habría concedido el triunfo sobre ellos sin enfrentamientos, pero quiso poneros a prueba con la guerra; y a quien caiga en la batalla por la causa de Dios, Él no dejará de recompensar ninguna de sus obras”.
(47:4)

Con respecto a los no musulmanes residentes en los países conquistados, la Gente del Libro (es decir judíos y cristianos) era tratada con respeto, se mantenía su integridad, dignidad y honor, sus bienes y propiedades estaban a salvo de agresiones o de ser confiscadas. Nunca se los molestaba, ni a sus mujeres, ni se los humillaba de ningún modo. Los hogares de sus familias quedaban intactos. En resumidas cuentas, se los trataba con justicia. Se respetaba su religión original y, si ellos decidían seguir con su fe, debían respetar y obedecer las reglas islámicas y la religión del Islam y ayudar mantener el bienestar de la sociedad. Este concepto está expresado en varias aleyas del Corán y dichos del Profeta (P y B), por ejemplo, Dios dice: “Aquellos que, si los afianzamos en la Tierra, practican la oración prescrita, pagan el Zakat, ordenan el bien y prohíben el mal. Y a Dios vuelven todos los asuntos”.
(22:41)

Una de las mejores evidencias de estas enseñanzas es el ejemplo que dio Omar bin al-Jatab, el segundo Califa del Estado Islámico y el conquistador de los Imperios Romano y Persa, a los habitantes de Jerusalén cuando entró victorioso a la ciudad de Aelia. Tabari narró que les escribió lo siguiente:

“En el Nombre de Dios, el Más Compasivo, el Más Misericordioso. Este es el pacto de seguridad que os garantiza el siervo de Dios, Omar el comandante de los creyentes para la gente de Aelia. Él os garantiza la seguridad de sus vidas y sus propiedades, sus iglesias y sus cruces, los pocos o muchos adherentes a la religión cristiana. Está prohibido dañar, demoler o disminuir las iglesias o sus dominios. Ni tampoco se pueden dañar las cruces ni ninguna propiedad de ninguna manera. No se los puede obligar a abandonar su fe y no serán lastimados. No se les permite a los judíos vivir en Aelia. La gente de Aelia tiene la obligación de pagar el Jizya, como es el caso de la gente de Madani, así como tampoco deberán interponerse con los bizantinos. A quienes deseen abandonar Aelia se les garantizará la seguridad de sus vidas y propiedades hasta que lleguen a destino. A quienes decidan quedarse en Aelia se le garantizará lo mismo y compartirán con la gente de Aelia sus derechos y el pago del Jizya. Lo mismo aplica para personas de otros lugares. Quienes quieran marchar con los bizantinos, pueden ir y quienes quieran regresar con su gente, no serán obligados a pagar nada hasta que hayan recogido su cosecha. Dios es testigo del contenido de este trato, y también lo es Su Profeta, sus sucesores y los creyentes. Atestiguan Jalid Ibn Al-Walid, Amr Ibn Al-Aas, Abdurahman Ibn Al-Awf y Muawiyah Ibn Abu Sufian. Celebrado en el año 15 de la Hégira”.

Sin duda no existen registros en la historia de la humanidad de un trato como este. Creemos que éste es el mejor ejemplo de nobleza, justicia y tolerancia por parte de los conquistadores musulmanes con los derrotados. La mayoría de los conquistadores les quitan los derechos, las libertades y el honor a los pueblos que derrotan, sometiéndolos a la esclavitud o a ser ciudadanos de segunda al servicio de los conquistadores. Omar bin al-Jatab podría haber optado por este tipo de términos y condiciones contra los cristianos y judíos en ese momento, pero siguió el ejemplo del Profeta Muhammad ( s)en su generosidad y grandeza cuando conquistó Meca después de años de tratar con las guerras traicioneras del período de Medina y la terrible persecución del período de la misión en Meca. Esta justicia apuntaba al noble objetivo de propagar la Palabra de Dios y no de obtener ganancias personales ni ventajas nacionales. Este, entre otros ejemplos, demuestra la justicia, tolerancia y belleza del Islam, la Divina religión revelada por Dios para lograr la paz universal y justa. Las leyes de Dios, Todopoderoso, se deben aplicar sobre todos por igual, sin excepciones ni favoritismos.

Los no musulmanes que vivían bajo el dominio islámico tenían la obligación de pagar el Jizyah (impuesto), que era una suma de dinero simbólica impuesta sobre los residentes no musulmanes que por propia voluntad elegían mantener su religión y estilo de vida bajo el gobierno del Estado Islámico. Así lo explica Dios mismo en el Sagrado Corán: “Combatid a quienes no creen en Dios ni en el Día del Juicio, no respetan lo que Dios y Su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión (el Islam) de entre la Gente del Libro (judíos y cristianos), a menos que éstos acepten pagar un impuesto (por el cual se les permite vivir bajo la protección del Estado islámico conservando su religión) con sumisión”.
(9:29)

Este impuesto podía ser de tres tipos y se calculaba en la moneda corriente del momento y lo pagaba cada individuo una vez al año:

  • El Jizyah de los ricos y personas influyentes. Se estipulaba en cuarenta y ocho dirhams de plata.
  • El Jizyah de la clase media, es decir, los comerciantes, negociantes y granjeros. Se estipulaba en veinticuatro dirhams de plata.
  • El Jizyah que se le cobraba a los obreros y artesanos que tuvieran trabajo. Se estipulaba en doce dirhams de plata.

El Jizyah impuesto sobre los no musulmanes que vivían en el Estado Islámico era un signo de sumisión al Estado como un pago simbólico a cambio de seguridad para su honor, integridad, bienes y vidas en caso de que fueran atacados por el enemigo o surgieran problemas internos y también porque así estaban exentos de hacer el servicio militar. Esta protección incluía todos los derechos y obligaciones que se especificaban y se acordaban en un contrato. Los musulmanes también tenían tareas adicionales, incluida laobligación de servir en el ejército cuando fuera necesario, pagar el Zakat (caridad obligatoria) y otras formas de Sadaqah (caridad voluntaria).

Jalid bin al-Walid, un reconocido general musulmán, en uno de sus pactos contractuales con los no musulmanes que vivían en el Estado Islámico, dijo:
“Os he dado mi juramento de aceptar vuestro Jizyah y a cambio os protegeré de todos los problemas que puedan surgir. Si cumplimos en ofreceros nuestra protección, aceptaremos el impuesto. Si no, entonces no tenéis obligación de pagar hasta que nosotros os demos la protección que hemos prometido”.
(Historia de Balathuri)

L. Veccia Vaglieri, en su libro intitulado Defendiendo el Islam, dice:
“La gente que era conquistada por los gobernantes islámicos tenían la libertad de mantener y preservar su fe y sus tradiciones, siempre que los individuos eligieran esta opción y no aceptaran la forma de vida del Islam, a cambio de un impuesto razonable que le pagaban al Estado Islámico. Este impuesto era menor que la cantidad que los musulmanes debían pagar al gobierno. Los no musulmanes residentes en el Estado Islámico pagaban este impuesto para recibir la misma protección que el Estado le brindaba a los musulmanes”.

Debemos recordar que los tres tipos de Jizyah explicados anteriormente se aplicaban sobre quienes tenían ingresos, ya que los pobres, necesitados, menores, mujeres, monjes, sacerdotes, rabinos, discapacitados y ciegos estaban exentos de pagarlo, y de igual modo, recibían protección y se atendían sus necesidades con dinero del tesoro del Estado.

Por ejemplo, Omar bin al-Jatab en una ocasión estaba sentado y un judío anciano pasó por allí pidiendo limosna. Omar preguntó por el estado de esa persona y le dijeron que estaba viviendo como no musulmán en el Estado Islámico y pagaba el Jizyah por su protección. Entonces Omar dijo: “No hemos sido justos con usted. Lo hemos obligado a pagar el impuesto que hemos cobrado mientras era joven y era capaz de trabajar y ahora no le estamos brindando el bienestar que le corresponde y los beneficios que tiene por ser anciano e impedido”.

AEntonces Omar llevó al anciano a su propia casa, lo alimentó y le ofreció ropa adecuada. A partir de ese momento él mismo estuvo a cargo del Tesoro Islámico, revisó el caso de este hombre y de quienes estaban en la misma situación y les dio un ingreso suficiente del Tesoro Islámico a ellos y a sus familias. Dios, Todopoderoso, dice en el Corán: “Ciertamente que el Zakat es para los pobres, los menesterosos, los que trabajan en su recaudación y distribución, aquellos que (por haber mostrado cierta inclinación por el Islam o haberlo aceptado recientemente) se desea ganar sus corazones, la liberación de los cautivos, los endeudados, la causa de Dios y el viajero insolvente. Esto es un deber prescrito por Dios, y Dios es Omnisciente, Sabio”.
(9:60)

Los pobres son los musulmanes y los necesitados son la Gente del Libro (judíos y cristianos).
[Abu Yusef, Al-Jaray, pág. 126]

En el juramento de Jalid bin al-Walid a los no musulmanes de la ciudad de al-Hirah, en Irak, escribió lo siguiente: “Cualquier no musulmán que viva bajo la protección del Estado Islámico que llegue a la ancianidad o ya no pueda trabajar, sufra una enfermedad terminal, esté en quiebra de modo tal que necesite vivir de la caridad de su gente, no tendrá la obligación de pagar el Jizyah. Se les proveerá sus necesidades esenciales a ellos y a sus familias con dinero del Estado”.
[Abu Yousef, Al-Kharaj, p.144]

Lis Lictenstadter, un estudioso alemán, en su libro intitulado El Islam y la Modernidad, dice: “La opción que le daban a la gente de Persia y Roma o de occidente, durante el período de expansión del Islam, no era morir con la espada o aceptar el Islam como modo de vida. De hecho, la opción era aceptar el Islam o pagar un impuesto a cambio de protección. Este es un plan digno de ser admirado que se aplicó más tarde en Inglaterra durante el reinado de la Reina Elizabeth”
[Islam and Modern Age, pág. 67. Ver también: Ahmad Shalabi, Comparative Religious Studies (Estudios religiosos comparativos), vol. 3, pág.174.]

Los no musulmanes que vivían bajo el dominio islámico disfrutaban de total protección y del respeto de sus derechos. Dios, el Altísimo, dice en el Sagrado Corán: “Es posible que Dios guíe a vuestros enemigos e infunda afecto entre vosotros, pues Dios tiene poder para ello. Ciertamente Dios es Absolvedor, misericordioso. Dios no os prohíbe ser benevolentes y equitativos con quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares, pues ciertamente Dios ama a los justos. Dios sólo os prohíbe que toméis como aliados a quienes os han combatido por causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión. Y sabed que quienes les tomen como aliados serán inicuos”.
(60:7-9)

El Mensajero de Dios( s) dijo: “Quien le haga un mal a un pactante o afecte sus derechos o lo explote o le arrebate algo de él, yo seré su fiscal el Día del Juicio Final”.
(Transmitido por Abu Dawud y Nasai)

El Mensajero de Dios ( s) también dijo: “Quien mate a un pactante nunca olerá el perfume del Paraíso y su aroma se puede oler a una distancia de cuarenta años”.
(Transmitido por Bujari)

Para resumir, mencionaremos las palabras de Hill Durant sobre el Jizyah, que a su vez cita al orientalista Welldiorant: “La gente de Dhimma: los cristianos, zaradistas, judíos y sabíes, disfrutaban de un grado de tolerancia durante el Imperio Omeya que nunca podrá compararse con la tolerancia de los países cristianos de hoy en día. Tenían la libertad de practicar sus rituales. Se mantenían sus iglesias y sinagogas y la única obligación que tenían era que debían vestir de un color especial para ser reconocidos y pagar un impuesto acorde a sus ingresos. Esta suma de dinero rondaba entre los dos y cuatro dinares impuestos sobre los no musulmanes habilitados para ir a la guerra. Los sacerdotes, mujeres, niños, esclavos, ancianos, discapacitados, ciegos e indigentes estaban exentos de pagar este impuesto. La gente de Dhimma estaba exceptuada de hacer el servicio militar y tampoco debían pagar el Zakat del 2,5% de sus ingresos anuales y el Gobierno estaba obligado a protegerlos” (Historia de la civilización, vol.12, pág. 131.)